Carta de arrepentimiento

Extraído del libro: Y ahora... ¿por dónde empiezo?
De: Ernesto Marrero

A quien pueda interesar:

Ahora reconozco el daño que causé a los demás mientras vivía bajo la tenue sombra de mi egoísmo personal. Cuántas veces vendí mi conciencia al mejor postor sin medir las consecuencias de esos actos, lo importante era el dinero que rellenaba mis bolsillos. Vivía lleno de rabia y resentimiento hacia los que yo consideraba diferentes a mí. El orgullo que recorría mis venas no me permitía perdonar a las personas con quien tuve algunas diferencias, prefería llenarme de rencor y criticarlos cada vez que se me presentaba la oportunidad. Hoy acepto que mi lengua apuñaló vilmente a muchos inocentes y que consideré al chisme como un entretenimiento vital.

Mi vida tenía como eje central el dinero y las apariencias, con ellos quería demostrarle a los demás que estaba de maravilla, aunque por dentro me carcomía la soledad y sentía un enorme vacío que las riquezas no podían llenar.

Nunca reflexioné sobre la cantidad de personas que morían de hambre diariamente, ni me importó que otros tenían un techo con goteras por donde se colaba el agua cuando llovía. Yo era el eje central de todo si estaba bien los demás no me interesaban. Qué importancia tenía si había niños muriendo de sida en los hospitales o ancianos en las calles, lo que importaba era que yo estaba disfrutando de mis posesiones y cada día tenía que estar mejor. El sexo desenfrenado, el alcohol, el cigarro y las drogas me acompañaron en cada momento de la vida, hasta que un infarto al miocardio acabó con mi existencia.

Hoy me arrepiento de lo que hice y por eso decidí escribir esta carta. Ah, y si quieren visitarme, sigan mi ejemplo, aquí les dejo mi dirección:

Tercer pasillo a la derecha, paila número 1.325, el infierno.

 

Fecha: un día cualquiera de la eternidad.