nickY todavía nos quejamos

Dios me castigó con esta cara que tengo... Esta casa ya no me gusta, ¡¿Cuándo me mudaré de aquí?!... Estoy demasiado flaco, debo engordar al menos seis kilos... Tengo que comprarme el celular que está de moda porque sino mis amigos me van a menospreciar... ¡Qué nariz tan fea tengo!, quisiera hacerme una cirugía para achicármela... Esta barriga no se me quita con la dieta, el próximo año me hago la liposucción... ¡Qué mala suerte!, hoy amaneció lloviendo... ¡Qué aburrimiento tan grande!, no sé qué hacer...

Son tantas las quejas que pronunciamos a diario que no aprovechamos los minutos que esta vida nos regala para elevar nuestra conciencia y para agradecer todas las cosas buenas que poseemos. Sería mejor aprender de los ejemplos de aquéllos que han venido a este mundo a sobreponerse, con su voluntad y ahínco, a las duras pruebas que les ha correspondido vivir mientras su espíritu permanece inmerso dentro de un cuerpo físico y así marcar un camino a seguir dentro de la historia.

Extraído del libro: Y ahora... ¿por dónde empiezo?

de: Ernesto Marrero

Éste es el caso de Nick Vujicic, nacido en Melbourne, Australia, un 4 de diciembre de 1982; hijo de un pastor protestante y de una cariñosa madre quienes desde el momento de su nacimiento lo cobijaron con toda su ternura, y lo guiaron hacia el camino de la confianza en sí mismo y el amor a Dios. Ese día nadie podía imaginar que con los años se convertiría en un reconocido conferencista motivacional, además de graduarse con 21 años de edad en la universidad en la carrera de Contabilidad y Planificación Financiera. Pero ¿por qué resultaba prácticamente imposible pensar que su futuro sería tan fructífero para la humanidad?; bien, simplemente porque no poseía ni brazos ni piernas. Nació con dos malformaciones congénitas: una denominada tri-amelia; es decir, que carecía completamente de tres extremidades y otra, llamada meromelia, que consistía en la deformación de una extremidad que, en su caso, se presentaba como un pequeño pie con dos dedos que brotaba de su muslo.

A pesar de este panorama desolador, Nick fue el primer discapacitado en ingresar en una escuela tradicional luego de la ferviente lucha de su madre para modificar las leyes australianas y permitirle así su incorporación. Aprendió a escribir utilizando únicamente sus dos dedos del pie; además aprendió a contestar el teléfono y también a teclear la computadora utilizando el método «heel and toe» (Técnica del talón y dedos del pie).

Debido a su apariencia física diferente recibió incontables desprecios en la escuela por parte de sus compañeros de clases, lo cual le llevó a sentirse apartado, inútil e incluso llegó a pensar en suicidarse. Pero con el tiempo logró superar dicha crisis al recibir el apoyo de sus padres y amigos. Sintió como despertaba en él una especie de energía motivadora y una fuerza de voluntad que sólo pueden brotar en un espíritu elevado. Se dio cuenta entonces que el Creador le había asignado una misión en esta vida: servir de inspiración para aquéllos que, no obstante poseer un cuerpo en perfecto estado, viven deprimidos y pierden su vida en superficialidades. Tanto así, que muchos terminan hundidos en oscuros mundos como la drogadicción, la prostitución o simplemente en la mediocridad de vivir lamentándose de los “supuestos” infortunios que la vida le ha puesto en su camino pero que, al compararlos con las pruebas que este joven ha tenido que superar, terminan convirtiéndose en burdas ligerezas que se superan con facilidad al ponerles un poco de entusiasmo y constancia.

Nick ha trabajado fervientemente con las manos y piernas de su corazón que, sin duda, han abarcado espacios mucho más grandes que los que pueden cubrir las extremidades convencionales. En la actualidad, es director de la fundación Life Without Limbs y viaja con frecuencia por todo el mundo para dictar conferencias a diferentes grupos de personas y, en especial, a adolescentes. En un futuro cercano anhela tener su independencia económica y escribir algunos libros donde plasme sus vivencias, a fin de que sirvan de inspiración a todos los que habitamos en un mundo rodeado de posibilidades para crecer, y todavía nos quejamos.