La Tierra y nuestro compromiso
Este majestuoso paisaje del planeta tierra flotando en el cosmos, junto a tantos otros millones de planetas y estrellas, me ha inspirado para escribirles, a ustedes mis amigos del camino espiritual y de la experiencia de la vida, con los que siempre he contado para seguir ejecutando esta dura labor de crear conciencia.
A veces vivimos sujetos a la rutina del día a día, sumergidos en las profundidades del olvido de nuestra verdadera naturaleza, dejando de tomar conciencia de la belleza de la creación, del imponente universo que nos rodea y que nos hace pensar en un Dios, capaz de crear todo esto. Con tan sólo mirar a un ser humano, que tiene la posibilidad de pensar, de reír, de llorar, de procrear a otro ser humano, de amar… de vivir, con observar a una flor resplandeciendo su belleza, sin egoísmo, sin ambición; solamente estando allí, presente y vibrando en nuestro entorno, para embellecer a este lindo planeta; nada más esto nos debería hacer salir de esta rutina tan simplista que la sociedad actual nos impone, a sabiendas de que sólo estaremos en este mundo por un pequeño tiempo, tan corto que los antiguos maestros orientales lo comparaban con un parpadeo del ojo de Dios, y que hay tantas cosas importantes que cada uno de nosotros pudiera aportar a tantos hermanos ávidos de conocimiento y de un simple cariño, tanto físico como mental.
Rompamos pues con estas cadenas materialistas y consumistas, con este yugo ensordecedor del querer aparentar ante los demás que estamos bien, solamente por hecho de tener dinero o por tener un traje de lino o seda, o por comprarnos un carro último modelo; aunque por detrás las deudas nos estén carcomiendo nuestras tarjetas de crédito y los bancos nos están acosando para cobrarnos lo que le debemos; cuando sonreímos ante los otros pero por dentro estemos llenos de desengaños y frustraciones, envueltos en la soledad y rodeados de amigos falsos que solamente nos buscan por el simple hecho de tener dinero para derrochar, amigos que solamente poseen la adulación en sus palabras, pero nunca la verdad. Amigos que poseen un puñal en sus labios y que se encuentran a la expectativa de un simple descuido para clavárnoslo. Cuando el estrés se acelera progresivamente envistiéndonos con múltiples enfermedades, que cada día se hacen más comunes.
Una vida sincera es mejor, con conciencia de lo que somos y queremos, cultivando nuestros valores internos y cambiando el concepto de Deber tener, por el Deber ser. Cultivando la Ética en vez de la Estética, tomando la humildad por el orgullo, cuidando a la naturaleza en vez de destruirla. Sigamos el ejemplo de Rayhan (en La Leyenda del sabio de la montaña), o el de Min (en El Pececito que quería ser humano), que decidieron asumir su verdadera responsabilidad en esta vida, un rol que ya se encontraba vivo dentro de ellos, pero que aún no se habían dedicado a exteriorizar, pero que con esfuerzo y constancia lo lograron… Así bajo el proceso del autoconocimiento y la toma de conciencia sembraremos un frondoso árbol en esta vida, y cuando nuestra última expiración llegue a nuestro lecho, cuando llegue la hora de dejar este hermoso planeta, podamos decir: Amigos los dejo, pero mí legado siempre los acompañará.




